¿Pagarías por encontrar a la pareja perfecta? (Revista Cosmopolitan, principios de los noventa)

Por Concha Valcárcel en Revista Cosmopolitan a principios de los noventa

Míralo así: si encuentras a la persona de tus sueños, ¿vas a discutir el precio?
Antes la historia era así: chico conoce chica. Chica conoce chico. Flechazo inmediato. Compenetración mediante noviazgo más o menos largo y boda. Pero ahora la cosa también se desarrolla de otra manera: (…) concertan una entrevista. Se encuentran adecuados, se gustan, algunos incluso se enamoran de forma fulminante e instantánea… Pagan la cuota de su agencia matrimonial y viven felices para siempre -o casi-.

Visto así, parece que la era de los flechazos y las aventuras románticas está llegando a su fin. Pero, no hay que exagerar, todos sabemos que eso es imposible: el amor espontáneo y sin premeditación no puede desaparecer. Lo que sí es verdad -he aquí el motivo de nuestro reportaje- es que las agencias matrimoniales tienen ahora más trabajo que nunca. Superadas ya la timidez y ese tonto prejuicio que juzgaba a los clientes de estos centros como desesperados, introvertidos o físicamente poco agraciados, los españoles y las españoles (al 50%) piden ayuda especializada para encontrar su media naranja.

La falta de tiempo, el estrés laboral, las enfermedades de transmisión sexual, la desconfianza en el prójimo, el miedo a la soledad, los problemas de incomunicación y demás taras sociales de los noventa son las causantes de que las flechas de Cupido hayan sido sustituidas por las teclas de un ordenador.

“Si no tenemos tiempo ni para ir al lavabo, ¿cómo vamos a tenerlo para encontrar pareja?”, se lamenta una guapa ejecutiva a las seis de la tarde (…). Y lo que es peor, todo indica que el ritmo de vida va a seguir aumentando de velocidad, que cada vez se le va a dedicar más tiempo al trabajo (por eso de la crisis, la necesidad de mantener el puesto y pagar la hipoteca del piso) y que las oportunidades de conocer gente adecuada de forma casual van a disminuir.

Así las cosas, consideremos la triste situación de este hombre de Madrid. Se llama Oscar y es director de mantenimiento en una gran empresa. Tiene 35 años, buena posición económica, divorciado con una hija (con la que pasa los fines de semana), de costumbres fijas, cansado de las aventuras de una sola noche, desconfiado respecto a un nuevo matrimonio (por eso de no tropezar dos veces con la misma piedra), paranoico con el tabaco, busca una buena amistad y está dispuesto a todo para conseguirla, aunque su agenda de trabajo hace que le resulte imposible contar con poder tomar una copa con él antes de las 9 de la noche. ¿Dónde va a encontrar un individuo semejante una novia que se identifique con él y que esté dispuesta a trasladarse a vivir a su ciudad?

Él que es conciente del poco tiempo de que dispone, se dice que la vida es demasiado corta y paga a una agencia para poder conocer a alguien que encaje con sus exigencias sentimentales. Y eso mismo hace Lidiia, licenciada en psicología en Sevilla (soltera, 32 años). Ella ha pagado también a la misma empresa, porque está convencida de que su gestión va a dar resultado.

Lidia ha leído todos los libros sobre atracción personal y actitudes sociales que ha encontrado. (…) Afirma que existen tres criterios básicos para encontrar la pareja perfecta: atractivo físico equivalente, proximidad y similitud. “El físico atrae a la gente con la fuerza de un terremoto -nos explica-. Actúa con más potencia que la inteligencia, el encanto social o la personalidad, no sólo en un primer encuentro sino también en los siguientes. Funciona incluso entre los niños de cinco o seis años. (…) Parece ser que calibramos el encanto de una posible pareja frente a la posibilidad de que esté dispuesta a emparejarse con nosotros. Dicho de otra forma: la gente menos atractiva busca parejas menos atractivas, porque esperan ser rechazados por alguien que sea más guapo que ellos. (…)

Para aclararnos el segundo punto de su teoría, nos cuenta que casi un tercio de la población se empareja con alguien que vive a un tiro de piedra -menos de 10Km- de su domicilio. “La gente tiende a unirse con las personas que ve con más frecuencia: compañeros de piso, compañeros de estudios, de trabajo, de calle o de copas. Esto también puede significar quer hay más gente que puede querernos de la que imaginamos.”

“Los que creen en milagros cuando se trata de cuestiones del corazón -dice el libro de texto que estudia Lidia- pueden pensar que cada uno de nosotros tenemos en algún sitio una pareja ideal que sólo espera ser descubierta. Pero, si eso fuera verdad, el mayor milagro sería la frecuencia con que el destino conspira para situar a esa persona a pocos metros de nuestra casa.”

“Tercero, y más sorprendente, es el factor de similitud -continúa la psicóloga que busca pareja-. El viejo dicho: “los opuestos se atraen” resulta una completa estupidez. Más de 98% de los matrimonios de este país son de la misma raza y la misma religión; el 90% goza de un similar nivel de educación, clase social, inteligencia e incluso características físicas. También se ha descubierto que las parejas que salen juntas suelen tener las mismas opiniones políticas y piensan igual sobre cuestiones sexuales.”

(…) Esa es la razón de que las agencias que proporcionan perfiles de personalidad muy exactos de ti y de tu posible pareja son las que pueden hacerte feliz. (…)

Lidia y Oscar acaban de fijar fecha para su boda.

¿Cómo saber qué agencias te convienen?
Las hay buenas y mejores; regulares y algunas incluso malas. Para saber si la empresa en donde vas a depositar dinero y esperanza está a la altura de tus expectativas, hazle estas preguntas:

-¿Lleva funcionando al menos dos años?
-¿Tiene una buena reputación en su barrio? Pregunta a la gente. (…)
-¿Sus oficinas están organizadas y bien situadas?
-¿Puede indicar su porcentaje de éxitos?
-¿Tiene una buena relación calidad-precio?
-¿Tiene una buena base de datos o el volumen de su fichero es muy limitado?
-¿La agencia entrevista a todos los miembros personalmente?
-¿Insiste en un código de conducta para sus miembros?
-¿Protege tu intimidad o le da tu número de teléfono a cualquier cliente que lo solicite?

Pero ¿cuándo acudir a una agencia?
Cuando no tengas tiempo de buscar por ti misma; cuando te encuentres sola y, por tu ritmo de vida, no tengas ganas ni oportunidades de acudir a sitios adecuados para establecer contactos (los bares de copas, las discotecas…) o no te guste el tipo de relación desenfadada y poco formal que suele darse en estos locales; cuando tengas una idea muy concreta del hombre que quieres; o cuando estés aburrida de enamorarte de hombres que se burlan de tus sentimientos.

¿Dónde?
Lo primero es seleccionar la agencia que más convenga a cada cual. Porque hay agencias para quienes buscan casarse, para aquellos que quieren un amante diez o para esos que sólo desean una buena amistad; (…) Un repaso a la prensa nacional muestra unas 30 empresas diferentes dedicadas a las relaciones sentimentales. (…)

Y ¿cómo?
Una llamada de teléfono. una entrevista personal para hacer una ficha de lo que se pide, se quiere y se ofrece (con estudio psicológico incluido). Pago de la cuota. (…) Citas con los candidatos que coinciden al comparar los ficheros. Así de sencillo. Cuando empecé a escribir este reportaje, yo misma acudí a una agencia para ver si funcionaban… Ahora salgo con el chico de mis sueños.