Amor por la vía rápida (La Vanguardia; Lunes 20 de enero de 1997)

Por Ima Sanchís Jost en La Vanguardia el Lunes, 20 de enero de 1997

Las agencias matrimoniales baten récords en las ciudades donde resulta difícil encontrar a la pareja ideal siguiendo los sistemas tradicionales

Las agencias matrimoniales están batiendo récords históricos. Se calcula que en toda España hay 167 agencias (…). “No hay que sorprenderse -dice Carmen Serrat, directora de un gabinete de psicología de Madrid especializado en el tratamiento de problemas de pareja-, el desamor, la incomunicación y la soledad está al orden del día. Los divorcios y separaciones aumentan, el problema es la falta de educación sentimental, nadie nos enseña a convivir.” ¿A quién afecta? A todos: jóvenes, maduros y ancianos; ricos y pobres.

(…) Las parejas que se forman a través de estos medios no lo confiesan, obvian el paso de la agencia y aseguran que se conocieron en un bar o por terceras personas, una verdad a medias. Por eso resulta casi imposible establecer una estadística de cuántas parejas se han formado a través de las agencias. (…)

El baremo que establece la normalidad o anormalidad del hecho de acudir en masa a las agencias matrimoniales para resolver los problemas de soledad se determina por comparación con otros países de los que no se discute su “liderazgo”. Norteamérica está llena de bares de solteros en los que los emparejados tiene prohibida la entrada. El recurso de las agencias está allí muy extendido y se ha convertido en práctica habitual. La agencia Great Expectations, con sede central en Los Ángeles y que funciona desde el año 42, afirma tener inscritas a 700.000 personas. El “New York Times” dedica cada domingo dos páginas a contactos blancos (amistad y matrimonio). En Francia, muchas agencias tienen su despacho a pie de calle, como las floristerías o las carnicerías. No se cuestiona si son o no buenos ejemplos, pero funcionan.

La frialdad a la hora de afrontar la cuestión es casi clínica: si a uno le duele la boca, acude al dentista; si necesita unos zapatos, acude a una zapatería, y si sufre de soledad, acude a una agencia matrimonial. ¿Dónde si no? “Somos un servicio más”, dicen, y lo corrobora Isabel (45 años), una de las muchas usuarias satisfecha: “Yo trabajo en una agencia inmobiliaria. Tomo los datos del cliente y le busco la casa ideal. Para mí una agencia matrimonial es exactamente lo mismo”.

El porqué son necesarias este tipo de agencias tiene para todos los involucrados (directores, equipos de psicólogos de las agencias y usuarios) rápida respuesta: la gran ciudad dificulta mucho las relaciones personales, la gente tiene muy poco tiempo para moverse fuera de los ámbitos personales y la competitividad eclipsa las relaciones privadas entre las personas que se conocen a través del trabajo. Si se quiere ser competente, hay que controlar las emociones y no demostrar nunca carencias que hacen a cualquiera vulnerable. Del segundo porqué, por qué vivimos así, nadie se hace excesivos planteamientos. Es un hecho.

Los psicólogos y psiquiatras se asombran cuando conocen los datos de cuántos y quiénes acuden a las agencias matrimoniales, y se ven obligados a revisar la ecuánime teoría de que acude gente con problemas de relación: en España se estima en 250.000 personas las que utilizan este método para encontrar pareja. (…)

“La incomunicación es un hecho -reflexiona Mariano de la Cruz, psiquiatra con más de cuarenta años de experiencia clínica-. Vivir secuestrado por el trabajo y por la televisión, que comunica todo, lleva a la mayor de las incomunicaciones. En las personas que acuden a las agencias no existen, la mayoría de las veces, alteraciones psicológicas ni psiquiátricas. Pueden tener dificultades de relación, pero no patológicas.”

La primera cita
“No sabes donde te metes -comenta Ana (administrativa de 32 años)-, pero mientras sepas qué quieres y dónde estás, es suficiente. He conocido a dos chicos estupendos y del tercero me enamoré, salgo con él desde hace nueve meses, ¡ni yo misma me lo creo!”. Ese hallazgo le costó a Ana 65.000 pesetas, que es le precio medio de las agencias. La metodología es similar: se empieza por rellenar una minuciosa ficha con los datos personales, situación familiar, características físicas, aficiones, carácter, nivel social y cultural, situación económica, estado de salud, tendencias políticas, creencias religiosas, etc. Un cuestionario análogo recoge las características deseadas de la persona pretendida. La mayoría de las agencias cobra en ese momento el dinero convenido (…). A partir de ahí la agencia cruza datos de sus clientes procurando que el porcentaje de afinidades no baje del 75% y comienzan las presentaciones. A través de una llamada telefónica comentan al interesado las características de la persona seleccionada y si accede a conocerla, se cruzan los teléfonos y realizan su primera cita a ciegas. Al cabo de unos días ambas partes llaman a la agencia y comentan sus pareceres respecto al otro. Si uno de los dos no quiere volver al otro, la agencia se encarga de comunicárselo. No hay límite de presentaciones, y sólo un 20 por ciento se queda con la primera opción, mientras el resto se reparte entre la segunda y la tercera. (…)

Cada vez más jóvenes
Las conclusiones de los sociólogos son alarmantes. Cada vez son más numerosos los jóvenes que acuden a las agencias: el 85 por ciento de los clientes está comprendido entre los 23 y los 45 años.

(…) Junto con Nuevos Horizontes de Madrid, la agencia COSM de Barcelona es una de las más antiguas de España. Su propietaria, Conchita Casacuberta, lleva ejerciendo de celestina desde hace 22 años y es una de las pocas que utiliza el sistema de vídeo (el más extendido en Estados Unidos), para que sus clientes se conozcan. “Hay mucha rotación de agencias porque parece un negocio fácil; pero no lo es, tienes que tener mucha gente apuntada y funcionar efectivamente porque lo que te trae clientela es el boca a oreja. Duranto los últimos diez años he visto abrir y cerrar en Cataluña 72 agencias, ahora parece que hay un “boom”, veremos si es estable.”

Con lo que no cuentan por ahora las empresas japonesas y, en cambio, sí la sociedad norteamericana y la española es con los clubs sociales, aunque su éxito en España es discutible. Contaban dos amigas que se apuntaron a un club que organizaba cenas privadas y que prometía los más selecto por 15.000 pesetas mensuales, cena aparte, que al final acabaron cenando con tres señoras más que venían de comarcas; mientras los hombres, excesivamente maduros para ellas, optaron por la compañía de mujeres de nimios vestidos y cuya profesión era, precisamente, la de alternar.

Agencias con fines más que dudosos
Los peores enemigos de las agencias matrimoniales son las estafas y pirateos. Falsas agencias que cobran y luego desaparecen o agencias que por 10.000 pesetas proponen contactos cuyos fines no son los de iniciar unas relaciones estables (…). Por ello, hay que buscar las máximas garantías, firmar contrato y escoger agencias adheridas a organismos de consumidores.