Cómo elegimos pareja

La pareja ideal no existe; es tan solo un mito, ya que existe una parte inconsciente que hace que te atraigan unas personas más que otras, pero aún sabiendo que este ideal no existe, conocer cierta información sobre la persona que nos atrae, tener claro lo que esperamos obtener de la relación y sobre todo, prever los problemas que puedan surgir, pueden hacer que tu pareja sea para toda la vida. O casi.

Los psicólogos coinciden en que el punto inicial en que nos fijamos en una pareja potencial suele ser la atracción sexual que provoca aparte de reacciones biológicas, alteraciones nerviosas, cambios de ritmo cardiaco… Pero aparte de esto se sabe que el deseo está muy mediatizado por las características psicológicas y la experiencia personal que condicionan los criterios que utilizara una persona para elegir a su pareja.

Parece haber unos criterios, más o menos comunes, por los que nos guiamos al elegir pareja, según una encuesta del CIS: el carácter, el físico y la forma de ver la vida es lo que casi siempre determina que nos fijemos en una persona determinada. El cariño parece ser el motivo principal por el que las parejas siguen unidas después de varios años de convivencia. Los estudios realizados sobre la atracción personal demuestran que nuestras preferencias cambian después de la adolescencia, por la parte femenina se busca una pareja que represente “brillo social, don de gentes”…y ternura y afecto por la parte masculina.

Alrededor de los treinta años tanto hombres como mujeres buscan en su potencial pareja aficiones comunes, afinidad laboral… una persona con la que poder compartir nuestra vida. Es bastante difícil pronosticar el éxito o el fracaso de una relación en su inicio, mucho más teniendo en cuenta que, cuando se inicia una relación las personas tendemos a comportarnos inconscientemente de una forma distinta a como somos realmente. Pero sí que se puede pronosticar la gravedad de los conflictos que aparecerán en función del carácter. En este sentido existen cuatro tipos básicos de persona:

1. Carácter asertivo. Exponen sus ideas con claridad. Con ellos los problemas se suelen solucionar fácilmente. Suelen ser compatibles con cualquier persona.
2. Carácter agresivo. Hablan de los problemas partiendo de la base de que ellos tienen razón y tan solo funcionan si se unen a personas dialogantes o agresivas como ellas. Suelen haber peleas habituales, pero saben encontrar la solución.
3. Carácter sumiso. Suelen ser personas acomplejadas que suelen aceptar lo que su pareja dice. Cuando se juntan con personas agresivas su personalidad queda anulada.
4. Carácter agresivo-pasivo. Suelen ser los más conflictivos. No dicen lo que quieren pero suelen exigir que su pareja lo sepa. Identifican este desconocimiento con la falta de amor y el desinterés.

¿Se atraen los polos opuestos?

Hay una teoría muy extendida que argumenta que personas con caracteres muy distintos se atraen porque se complementan. Estas son relaciones de compensación, que muchas veces tienen un resultado difícil, ya que están basadas en la dependencia. Lo que suele ocurrir en estas parejas es lo siguiente: en un principio es una relación gratificante para el miembro de la pareja de carácter más débil porque su compañero le resuelve todos los problemas. Al pasar el tiempo, la persona débil aprende a ser fuerte y deja de depender de su pareja, con lo que la relación se rompe; sino es así la relación de dependencia será cada vez mayor, el sumiso vivirá para la relación y tendrá miedo de que esta se rompa, el dominador sentirá como una carga de que la otra persona dependa de él. Ninguno de los dos disfrutará de la relación.

¿Por qué tropezamos dos veces?

¿Por qué iniciamos relaciones abocadas al fracaso? Parece que los errores más comunes que solemos cometer son:

  • Tendemos a vincularnos demasiado jóvenes a una persona, lo que puede provocar que evolucionemos de forma distinta y después la relación no funcione al tener intereses y valores distintos.
  • Estereotipamos a las personas con poca información, lo que hace que tengamos una imagen que es ficticia y no real. Presuponemos que ciertos rasgos de personalidad van unidos, de forma que si una persona es simpática, también ha de ser inteligente.
  • No hacemos suficientes preguntas, preferimos ocuparnos de las cosas positivas y de las razones que nos permiten amar a una persona y no analizar las cosas o puntos que nos separan o que no nos gustan.
  • Por miedo a que la relación no funcione, transigimos prematuramente creando una falsa sensación de armonía, autoengañándonos.

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